el anillo de Mictlantecuhtli

El Anillo de Mictlantecuhtli

 

Un trozo de papel es eso y nada más.

Un poco de tinta es eso y nada más.

Un hombre es eso y nada más.

Un sueño es eso y nada más.

 

 

Pero si lo juntas todo, es eso, y muchas cosas mas. Es creación, es un inicio, es una fantasía, una ilusión, una historia: es el génesis de un microcosmos.

 

 

  

I

EL MERCADO

 

     Yo no quería salir de mi casa ese día. Pero Valeria y el pequeño Antonio, insistieron y no tuve mas remedio que aceptar ir a aquel mercado, que me incomodaba tanto por la cantidad de gente que ahí acudía a realizar sus compras. Y no solo era eso, sino que también me desagradaba el olor de las frutas podridas y la suciedad que siempre esta presente en un sitio como este. Si no fuera porque me encanta andar con Valeria para todos lados, encontraría un pretexto para no ir. También me dolería desilusionar a Antonio, es aun pequeño, y yo soy como su héroe.

 

     Este calor es insoportable, y como lo pensé, el mercado esta inundado de gente, y para completar el cuadro, no hay un lugar donde dejar el auto; sabia que no debía venir, pero bueno, ya estoy aquí, y no hay que echarse para atrás, debo cumplir mis promesas.

 

 

Vamos por este pasillo – dice Valeria. – carga esta bolsa, ¿Qué fruta quieres para la comida?, ¿Dónde estará mas barato…? – Y el pequeño Antonio completa, – ¡quiero un juguete! – mi cabeza esta saturada con tantas palabras.

 

 

Toda esta presión para mi solito, y nadie para compartirla, no hay nadie a pesar de que todo esta lleno de gente. Mi mirada vaga al horizonte tratando de encontrar una distracción y es así como me doy cuenta de la presencia de esos ojos que clavan su mirada en mi presencia. Al principio pensé que me miraban con ira y enojo, pero conforme me fui conectando con esa presencia, me di cuenta que no era ira, era miedo, miedo a mi. Confieso que el miedo lo tenía yo al principio, pues nunca antes alguien me había visto de ese modo. Esa mujer, como de unos 70 años, su aspecto descuidado, el pelo alborotado digno de alguien que no conoce un cepillo, su ropa vieja, con parches, y uniformemente negra, inmediatamente pensé en el estereotipo de la bruja clásica de los cuentos. Y no estaba muy alejado de la realidad.

 

Me fui acercando sin despegar la mirada, y conforme me acercaba, sentía mas una esencia maligna en ella. Yo me quede lleno de sorpresa, pues estaba experimentando sensaciones que ni siquiera había imaginado. Ya no sentí más miedo, y así, quede a unos 3 pasos de la anciana. Solo hasta esa distancia, me percate de la presencia de otros dos ancianos, un hombre y una mujer, con el mismo aspecto que la anterior, con la diferencia, que esta otra anciana, tenia un cabello blanco como la nieve, y recogido en una trenza hacia atrás, y sus ropas estaban entre gris y blanco. El anciano varón, de espeso bigote, y aspecto pálido y esquelético, sostenía en una mano un bastón, mientras que con la otra mano se despojo de su sombrero, dejando a la vista su avanzada calvicie, y un poco de cabello, gris y delgado. Se acerco a mi con paso lento, y apoyándose en su bastón, y cuando al fin estuvo frente a mi, me hablo, pero sin abrir sus labios, y yo no lo escuche, si no que en mi mente se proyecto lo que me dijo, con una imagen. Fue una imagen, que se plasmo en mi pensamiento en un instante, mas sin embargo, me dijo tanto como si hubiésemos conversado horas. Fue así como supe, que aquellas dos ancianas, sostenían un combate en su mente. La anciana de negro, era una hechicera malvada, la cual tenia pacto con el diablo, para ser precisos, con Tezcatlipoca, el dios azteca de la noche y la oscuridad. La anciana de blanco, era una curandera poderosa, cuya ascendencia era tan antigua como las pirámides de Teotihuacan. 

 

Mi asombro fue grande, y por momentos volví a sentir miedo, pero, el miedo se acabo y solo quedo el asombro, al saber que el anciano varón, no era de este mundo, sino que se trataba del mismo MictlanTecutli, el señor de los muertos, señor del inframundo. Hablando cristianamente, tenia frente a mi, al emisario del diablo, al emisario de Dios, y a la misma muerte, y nadie les prestaba atención, mas que yo.

 

Las dos ancianas sostenían, pues, un combate, una pelea, pero dentro de su mente. Y la pude ver gracias al contacto mental que hizo conmigo el anciano. Pude ver, como se agredían haciendo uso de todo el poder de sus pensamientos, y así mismo, me di cuenta, que la anciana hechicera, la enviada del mal, se atemorizo con mi presencia. – ¿Por qué me tiene miedo esa vieja? – pregunte al anciano. – Tu eres muy poderoso, y naciste para destruir al mal, ella lo sabe, y por eso te teme: y estas sorprendido, porque no lo sabias, porque nadie te había preparado para esto. Pero ya no tienes miedo, porque dentro de ti sientes ese poder, e inconscientemente sabes que esa es tu misión. – efectivamente, hacia mis adentros, ya no tenia miedo, y aquello me parecía tan familiar, tan común. – ¿Qué debo hacer? – le pregunte esta vez al anciano. – Entra en el combate, y haz que esa bruja se vaya de aquí – fue la respuesta, que ahora la anciana gris, me había dado a través del pensamiento. Después de ese mensaje me concentre, con toda naturalidad, sobre los ojos de la bruja, y con la mente comencé a decirle que se retirara. La bruja se comenzó a alterar, y retrocedió dos pasos, físicamente ahora, pero no se fue. Entonces levante mi brazo, y apunte mi dedo índice hacia ella – ¡LARGATE AHORA MISMO! ¡TE LO ORDENO! – inmediatamente comenzó a moverse, y se perdió entre la gente, proyectando con su rostro la angustia de la impotencia y el miedo. Al voltear hacia donde estaban los ancianos, ya no vi a aquel varón, que se había metido a mi mente, y solo alcance a ver a la anciana gris, que caminaba hacia la salida del mercado, con paso lento y seguro. Trate de alcanzarla, pero escuche una voz familiar. – ¡Rafael!, ¿Dónde estas? Ya nos vamos, trae esa bolsa para echar estas verduras. – Tuve que incorporarme nuevamente a mi familia, y dejar que la anciana, y la explicación a todo lo que había pasado, se fueran entre la gente que caminaba encargándose de sus asuntos, sin saber, que ahí se había librado la primer batalla de lo que seria una guerra entre el bien y el mal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

II

EL SUEÑO

 

Al volante me encuentro, de regreso al hogar. Valeria comparte conmigo su sentir acerca de los últimos atentados terroristas a nivel internacional, y de la inseguridad general en la ciudad. Me cuenta también acerca de lo que le dijeron en el colegio del pequeño Antonio. En realidad no puedo dejar de pensar en lo que paso en el mercado, y por lo tanto, no logro concentrarme en lo que ella me viene diciendo. Menos mal que no se ha dado cuenta, pues tendría suficientes problemas para no dormir en una semana. Valeria tiene un carácter algo explosivo, principalmente pierde la paciencia cuando no le pongo atención.

 

Para su mala fortuna, toda mi concentración esta puesta en aquellas dos ancianas, y lo que logre ver en mi mente. Los ojos de temor, y al mismo tiempo llenos de ira y fuego, de aquella anciana andrajosa no me permiten ni siquiera parpadear. – ¡cuidado Rafael! – …. El sonido del claxon de un autobús, me despierta y trae nuevamente a la realidad. Se perfectamente que un semáforo en rojo presenta un gran riesgo al cruzarlo. Sin embargo, mi mente no estaba en este mundo, por lo que no me di cuenta de que estuve a punto de ocasionar una tragedia: mi tragedia.

 

Sin más contratiempo he llegado a casa. Paso el susto para todos, y nos dedicamos a nuestras actividades cotidianas. Es fin de semana, y por lo regular, podemos descansar del ajetreo de la semana. Aprovecho para tomar una siesta, recostándome en el sillón de la sala de estar, con el aparato televisor encendido, en uno de los muchos canales que el servicio de televisión por paga me ofrece. Fútbol, reality show, caricaturas, documentales, telenovelas… no hay algo que realmente valga la pena, o podrá ser que mi mente esta en otro lado por el momento. No puedo dejar de pensar en mi experiencia en el mercado. Mis ojos se comienzan a vencer por el cansancio y la falta de algo de entretenimiento en el aparato televisor…

 

Parpadeo tras parpadeo, hasta lograr una total oscuridad en mi mente, y vuelvo a abrir mis ojos.

 

El cielo azul  es tan profundo cuando estas recostado. No hay nubes, y el viento golpea con suavidad mi rostro. Volteo ligeramente hacia mi derecha y veo lo que parece ser una pirámide, que nunca había visto en mi vida. Tal pareciera que me encuentro en Teotihuacan, es lo más similar, mas no es dicho lugar. Me incorporo, con la curiosidad sembrada en mi ser, la curiosidad de encontrar la fuente de un sonido similar a tambores, que se escucha a lo lejos. Mis pasos avanzan por aquel terreno, llano, sin piedras ni vegetación, que hay entre mí y esa pirámide. Me acerco con un paso lento, pero constante, como si tuviera miedo de llegar a aquel lugar. El sonido de aquellos tambores comienza a incrementarse, y distingo voces que cantan, en una lengua extraña, al menos para mis oídos. Escucho algarabía, como de una fiesta, pero con un timbre especial, como si quienes estuvieran ahí, padecieran una preocupación, como si estuvieran orando por una necesidad. Aquello más que fiesta, me parece más bien un ritual pagano, de los tiempos en que aun no había hombres blancos en estos lugares. Mis pies han llegado a una escalinata, y es lo único que me separa de aquel edificio. Un escalón, dos escalones, cuento en total veinte y llego a lo mas alto de aquella plataforma, y mis ojos ahora contemplan el origen de aquellos sonidos. Hombres ataviados con plumas y pieles de leopardo, bailan animados por mujeres ricamente vestidas con huipiles de manta de algodón. Lo que parecen ser guerreros contemplan el espectáculo desde un sitio especial, encabezando aquel ritual. Los he visto, y ellos a mi, y eso ha provocado el repentino silencio que ahora zumba en mis oídos. Todos fijan su mirada, y esta no es de sorpresa, tal pareciera que me estaban esperando. Dos guerreros se acercan, y se colocan ante mí, rindiendo honores con sus mazas de obsidiana. Son dos guerreros adornados con pieles de jaguar. Recuerdo ahora aquellos murales de la zona de Palenque, y todo comienza a ser más familiar para mi. Los guerreros se plantan a mis costados, como si quisieran escoltarme. Los miro a los ojos, y asiento con la cabeza, aceptando acercarme al centro de la explanada al pie de la pirámide.

 

       itzimallin, anuy Mictlan, xieptzelen! itzimallin, anuy Mictlan, xieptzelen! itzimallin, anuy Mictlan, xieptzelen! –

 

Aquel gentío proclama este grito al viento, logrando ser una sola voz, una garganta enorme que resuena en todo aquel recinto. Itzimallin, anuy Mictlan, xieptzelen. No entiendo lo que quiera decir, pero tal parece que me aclaman, como si fuera alguien importante, un héroe, un guerrero tal vez. Pero el tumulto desencadenado por mi llegada, es apagado en un silencio mortal, una ausencia total de murmullos y de música. Solo a lo lejos distingo el sonido provocado por pisadas, por sandalias de cuero de venado, que chocan contra la piedra de las gradas de aquella pirámide. Alguien desciende de lo más alto, y al verlo, todos han callado. Y no ha descendido aun al tercer escalón desde lo alto, cuando todos han postrado su rostro al suelo, en señal de altísimo respeto. El personaje sigue bajando, sin despegar su mirada de mí, que aun sigo de pie, sorprendido por aquel espectáculo. Mas mi sorpresa se convierte en temor, al confirmar que aquel hombre, es el mismo que acabo de ver hoy en el mercado, de edad avanzada, pero fuerte aun, sin cabello, y con unas arrugas características en el rostro. Al fin ha terminado de bajar la escalinata, y las personas que había entre el y yo, se retiran rápidamente sin despegar el rostro del suelo. Un pasillo improvisado, una valla humana, que el avanza suave y tranquilamente hacia mi. Me mira a los ojos, a lo cual quedo atónito, callado sin poder decir nada. El sonríe, como burlándose de mí. Sus labios articulan una frase: – no tengas miedo Yel Ehécatl, no tengas miedo, este eres tú, despierta… despierta… despierta…-

 

– ¡Despierta holgazán, despierta! ¿No ves que ya es hora de que vayas a la cama? –Valeria me recuerda amablemente a abandonar este sillón, que ha sido cuna de una gran fantasía. Todo parece ser un sueño, todo parece ser irreal, hasta mi vida misma.

 

***

MASACRE: LA MUERTE DEL MIEDO

Una negrura espesa, era la que existía en ese momento. No era la noche, porque en la noche se pueden ver aun las estrellas. Era todo oscuridad, a no ser por una pequeña lámpara que alumbraba el pequeño espacio que ocupábamos Valeria, el pequeño Antonio y yo en ese momento. No podíamos ver más que a nosotros mismos, y por más que nos esforzáramos, nuestros ojos no lograban descubrir nada en la profundidad de esta oscuridad. Y lo que nos impedía movernos y aventurarnos en esta nada, era que sabíamos que por en toda esa zona merodeaba una jauría de bestias, que aun no sabíamos si eran leones o lobos, solamente conocíamos, que eran asesinos, que nos estaban buscando, y que estaban al servicio de las fuerzas del mal. A mi me preocupaban Valeria y Antonio, porque no tenían como defenderse de estos mounstros, y solamente yo podía velar por ellos, mas tampoco sabia si yo lograría ser capaz incluso de defenderme a mi mismo. Lo que me sacaba adelante, era el pensar, que la curandera de cabello gris, me había dicho que yo tenía mucho poder, y que aunque aun no lo descubría en su totalidad, en el momento en que mas lo necesitara, este poder despertaría para ayudarme. Esto me dio confianza, pero no fue suficiente, como para que nos aventuráramos fuera de aquella pequeña luz. Pensándolo bien, éramos un blanco fácil, siendo el único objeto visible, en muchos metros a la redonda, por lo que decidí, que era mejor escondernos en la misma oscuridad, de manera que fuera más difícil para las bestias encontrarnos.

 

Pedí a Valeria y Antonio, que confiaran en mí, que en esta vida lo único que les pedía, era que me tuvieran confianza. Entre lágrimas y miedo, aceptaron el seguirme, y nos internamos en la penumbra. No veíamos nada, y caminábamos a tientas dentro de la noche. Logramos encontrar varios objetos, que nos indicaron, que aun permanecíamos en aquel barrio que tantas veces habíamos recorrido, lo que nos facilito un poco el movimiento gracias a varias referencias. Seguimos caminando, y de repente fuimos sorprendidos, por un espantoso ruido que se originaba detrás de nosotros, muy a lo lejos, pero lo que nos aterrorizo, fue el ver una refulgencia en el horizonte: eran las bestias, que seguidas de cerca por aquellos hombres que habían decidido servir a Tezcatlipoca, venían tras de nosotros. Esas luces, correspondían a las linternas, y a los faros de los vehículos de aquellos hombres. Esta refulgencia se acercaba rápidamente a nosotros, y pensé que era mejor quedarnos ahí, y esperar al enemigo. Sentí una impotencia, porque no sabía si podría proteger a los que quería y estaban conmigo, y un odio se apodero de mí, y provoco una reacción física, que aun no comprendo, pero de repente, tenia la facultad de ver perfectamente en aquella penumbra. Un alivio dentro de todo. – Colóquense detrás de mi – les dije a mis acompañantes. – permanezcan tras de mi, y no se muevan, pase lo que pase – las bestias estaban sobre nosotros, una de ellas salto sobre mi, y la ultima imagen que recuerdo, es la de mis manos, convertidas en garras, despedazando a esa abominable criatura, y su sangre escurriendo entre mis dedos, ahora provistos de afiladas uñas: después de eso, no recuerdo que mas paso, hasta la mañana siguiente, en que recobre la conciencia. Valeria estaba junto a mi, y cuando abrí los ojos lo primero que vi fue su rostro, y unas lagrimas que pendían de sus mejillas – pensábamos que no despertarías, tuvimos mucho miedo – poco a poco me incorpore, y comencé a ver a mi alrededor, y por todos lados, había cuerpos de hombres, y de bestias, sin vida, mutilados, y bañados en sangre. Mi ropa estaba rasgada, y eran pocas las partes de mi cuerpo que no estaban manchadas de sangre, sangre que hasta hace unas pocas horas, circulaba por las venas de aquellos hombres y bestias, que pretendían acabar con nuestra existencia. Mi miedo murió con ellos.

***

EN LAS SOMBRAS

Tres meses habían transcurrido, desde que el mal reinaba en la tierra. Tres meses, en los que aquella hechicera negra, sembraba el terror, en representación de las fuerzas de la oscuridad. Para este momento, yo me sentí ajeno a esta tierra, cada paso que daba, sentía una carga tremenda sobre mis hombros. Aquella carga tremenda, era la de sentir, que el haber evitado esta situación, había estado en mis manos, y no había hecho nada para evitarlo. Y la situación era mas grave, pues, los esbirros de la bruja, estaban buscándonos, así que éramos forajidos que tenían que ocultarse en las sombras. Poco a poco, éramos mas atrevidos, y buscábamos pequeños poblados, donde procurábamos no llamar la atención.

Llevábamos ya un periodo de casi 3 semanas, que era bastante para nosotros, por lo que nos sentimos cómodos en aquel lugar, y en cierto modo nos confiamos, y fingimos que todo era normal otra vez. Comíamos regularmente bien, por lo menos dos veces diarias, lo que ya nos resultaba un lujo. El dinero, lo obtuve, haciendo algunas labores de campo, en una ranchería cercana al pueblo, y así trascurrían los días uno tras otro. Teníamos la esperanza de que nuestros perseguidores ya se hubieran olvidado de nosotros. Quizás aquellas pistas falsas que dejamos tras de nosotros, los habían engañado un poco, y tal vez, se creyeron que estábamos sin vida. Cual sea que fuere el caso, tuvimos al fin, un gran periodo de descanso.

Este descanso, me ayudo mucho a relajar mi mente, y a tratar de buscar el control de aquellos poderes que estaban almacenados en mi cuerpo. Poco a poco, logre dominarlos, e incluso a perfeccionarlos. Ahora ya sabía como podía tomar la forma del guerrero jaguar, que hasta este momento era mi mejor defensa contra el mal, aunque no la mas poderosa. En el último contacto que tuve con la curandera blanca, ella me enseño a esconder mi luz, y cuando desarrolle la perfección de esta técnica, estuve seguro que ahora seria difícil que nos encontraran. Las personas que generamos luz, somos presas fáciles del enemigo, si no sabemos como controlarla y ocultarla. Por eso siempre estuvieron tras nosotros, hasta que puede esconderla de sus ojos místicos.

Aunque que la confianza, te lleva a cometer errores, y muchas veces los errores van a ti directamente.

Un jueves si mal no recuerdo, acudimos Valeria, Antonio y yo, a la tienda del pueblo, para comprar algunos víveres. Cuando puse mi pie en la entrada de la tienda, sentí que algo iba a pasar ahí, y la adrenalina fue regada por todas mis venas. Frente a mi pude observar, a aquel tipo, que estaba vestido con una ropa muy maltratada, maloliente y descuidado. Eso llamo mi atención, pero la sorpresa llego, cuando volteo, y vi que era Ricardo, aquel vigilante, que cuidaba el acceso de mi antiguo trabajo. Me conocía a la perfección, y enseguida asumí, que si me saludaba por mi nombre, esto seria peor que si yo mismo gritara a las cuatro vientos “hey, yo soy el nagual al que buscan!”. Como si yo le hubiese dado la idea, Ricardo lanzo un grito dentro de la tienda  – ¡Rafael! Que sorpresa, eres tu, y también Valeria y el pequeño Antonio, ¡hace tanto que no los veía, desde que salieron de la Ciudad X! – supe bien que en ese momento, que mis deseos de no levantarme aquel día de la cama, estaban bien fundamentados. Al escuchar aquellos nombres, relacionados a la Ciudad X, el encargado de la tienda, enseguida tomo el teléfono, y marco un numero, seguramente el de algún agente del mal, que estaría probablemente en el pueblo cercano. Tal vez estaba mas cerca, pues, cuando tome de la mano a Antonio y Valeria para salir de aquella tienda, pude ver por las ventanas, que tres autos negros, con un aspecto muy lúgubre, estaban a las afueras. No me explico como estuvieron ahí tan rápido. Tal vez siempre habían estado ahí, pero nos escondimos tan bien, que solamente una persona que nos conocía de tiempo atrás pudo reconocernos. No creo que haya sido coincidencia que Ricardo M. estuviera justamente en nuestro pueblo-escondite.  No pase mucho tiempo esperando a que se me confirmara esto. Me acerque a el, con un deseo enorme de hacerlo pedazos – Perdóname Rafael, si no te delataba, habrían matado a toda mi familia, lo siento – Traidor. Bueno, no puedo recriminárselo, el no tenia opción. No se si yo en su lugar hubiese hecho lo mismo.

Bien, ahora frente a mi, se encontraban de pie 6 tipos, altos y fornidos, que no tenían un aspecto muy agradable. Pensé que no serian problema para eliminarlos, así, que libere mi luz y me dispuse a pelear, aunque me precipite en hacerlo, porque debí fijarme primero en donde estaba mi familia. Alguien se preocupo por ellos antes que yo, y cuando mis ojos los buscaron, me di cuenta que estaban en manos de aquellos hombres malignos que habían aparecido de la nada, y entre la nada desaparecieron de repente, dejándome sin familia, y con una nota en un trozo de papel.

Nahual:

 

Toda tu vida has estado atado a los humanos, con un lazo sentimental, así que no dudo, que vendrás por ellos, tu sabes a donde, ah, y si no quieres que algo les pase antes de tiempo, no esconderás tu luz.

 

Hechicera negra.

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