No era justo.

Le había dedicado cuerpo y alma al ballet desde que era practicamente un niño, y nada le apasionaba mas en la vida, y nadie sentía tanta pasión como el lo hacía. Amaba la danza por sobre todas las cosas, al grado de obsesionarse en la perfección de ese arte. Consiguio ser un bailarín excelso a temprana edad, y antes de los 25 ya era un maestro consumado, con el que todos querían participar. Antes de los 28 comenzó a montar coreografías basadas en obras que no eran propiamente escritas para ballet, y justo antes de cumplir 29 se embarcó en una obsesiva jornada para un montaje sobre la Sinfonietta de Leos Janacek. Concentro todos sus esfuerzos en pulir todos y cada uno de los detalles de la coreografía. el sabía que debía ser algo excelso, atrevido, que nunca se hubiese visto, y por ello al llegar al final de la obra, en el climax de los acordes, el bailarín debía sostener en peso con un solo brazo a la protagonista, unicamente apoyada en su entrepierna, haciendo una alegoría de la fortaleza de las partes intímas de la mujer.

En los ensayos, esta parte se convirtio en un dolor de cabeza para la protagonista, quién no conseguía dar la emotividad que el necesitaba. Una y otra vez lo ensayaron, y todas y cada una de esas veces quedaba insatisfecho. Ahí fue donde comenzó a pensar que era injusto. En lo mas profundo de su mente nacío la idea de que el lo podía hacer mejor que ella, aunque había un pequeño detalle, de hecho, uno muy importante que le estorbaba en aquella innovadora pose. Sus genitales de hombre no le dejarian nunca transmitir el mensaje que el quería dar a la humanidad a traves de la danza. ESto le atormentaba a cada día, sobre todo al irse acercando la fecha comprometida para el estreno de su obra. La presión aumentaba en cada ensayo fallido, que aunque la compañia veía perfecta, a el, como director, no le dejaba para nada satisfecho. los ultimos diez días previos al estreno, guardo silencio, y decidio aceptar humildemente los resultados, y se concentró en perfeccionar el vestuario, el escenario, la música y la iluminación. Incluso se tomo la molestia de hacer sugerencias en la edición del programa de la función.

El día del estreno, se levanto y continúo con su actitud callada y humilde. Todos pensaban que al fin estaba satisfecho con los logros alcanzados, porque sabían que aunque los movimientos le parecieran perfectos, nunca daría una muestra de satisfacción. Por eso nadie se dio cuenta que tramaba algo, que su mente había fabricado un plan.

Como se acostumbra en estos casos, media hora antes de salir al escenario, se acercó al camerino de la protagonista, a desearle suerte y darle las últimas indicaciones. Se dirigio hasta la puerta y toco, y se introdujo al ser invitado por una femenina voz. Ya adentro, comenzo con su motivacional discurso, diciendo lo mucho que esperaba de aquella noche de estreno, y de cuanto deseaba que no saliera nada mal. Ella, sentada frente al espejo de maquillaje, haciendo los retoques finales, le dijo que no debería preocuparse, que lo haría perfecto pues seguiría todas sus indicaciones al pie de la letra. El se colocó detras de ella, posando sus manos en sus tersos hombros se acerco a su oido y le dijo que estaba seguro de que todo saldría perfecto pero agrego algo mas “¿habías notado que tu y yo somos practicamente de la misma talla de ropa?” En cuanto ella escuchó tal frase, pensó en los rumores de la homosexualidad del director, rumor basado en su a veces inquietante aspecto femenino. Pero algo le hizo inquietarse con esta frase y le hizo reaccionar instintivamente a ponerse de pie y voltear hacia el buscando ponerse a resguardo, pero no lo consiguio, porque las manos del directo, aunque realmente femeninas, con fuerza la obligaron a quedarse sentada, la obligaron a morir mientras el oxigeno se le negaba a sus pulmones por la opresión causada por las manos que ahora se cerraban sobre su cuello. Sin ninguna mirada de maldad, el espero hasta que ella perdío su ultimo aliento. Sin vacilar, y sin prisa alguna, aprovechando toda su experiencia artistica, se convirtio por fuera, en la protagonista de su propio ballet. Aprovecho los plumiferos adornos de su vestuario para cubrir parte de su rostro, logrando así que nadie se diera cuenta que era el y no ella quien salía esa noche de estreno al escenario.

A nadie le parecio rara la ausencia del director en el estreno, porque sabían que una de sus raras manías era la de quedarse en el vestibulo del teatro la noche del estreno, y entrar solamente en los ultimos cinco minutos de la obra.

El ballet comenzó, y desde un principio los espectadores quedaron fascinados con los audaces movimientos que encajaban a la perfección con los acordes de la música, cada nota, de cada instrumento, de las flautas y cornos, hacía vibrar de emoción a los presentes. La protagonista se ganaba la admiración de todos en cada paso, en cada salto, y en cada giro. Así todo transcurrio perfectamente, hasta llegar al final de la presentación. En el ultimo movimiento, aquella figura humana que exaltaría la feminidad humana, se empezo a gestar en el escenario. El bailarín principal, tomo a la protagonista por la cintura, y en un alarde de gracia y fuerza, la levanto sosteniendola de su entrepierna, en un solo movimiento, y sosteniendola por arriba de su cabeza, establemente, mientras los acordes finales se oyeron, cerrando en una fanfarria gloriosa, que culmino en silencio, y renacio en forma de los aplausos del publico. Todos los miembros de la compañia que en ese momento estaban en el escenario, mostraban un semblante de satisfacción, hasta que escucharon un grito, un grito de hombre, de alarma de miedo. Era el bailarín principal, que se horrorizo al ver el brazo que sostenia a la protagonista ensangrentado, bañado en escarlata, de una sangre que no era la suya. La bajo inmediatamente, y la colocó en el suelo, mientras todos se acercaban. Entre horror y sorpresa todos pudieron reconocer en el rostro de la protagonista las facciones de su hasta ese momento ausente director, facciones agónicas, pero que denotaban satisfacción. Los aplausos cesaron ante aquel espectaculo, pero el seguía sumido en su satisfacción. Sabía que había conseguido lo que ningún otro bailarín en la historia, aunque fue consciente de que aquel exito le traía la muerte. Se sentia glorioso y no se arrepentía. Sabía que su mutilado pene le perdonaría aquel mutilamiento.

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Destrucción

El gran monstruo detuvo por un instante la destrucción que su ira salvaje creaba en cada paso. Esa tremenda fuerza destructora se detuvo en el preciso momento que cruzo la mirada con aquel pequeño ser. Ahí, hacia abajo, a kilométrica distancia se encontraba una menuda y rubia mujer, con apariencia de niña, con una mochila colgada en sus hombros. Sus ojos bañados en lagrimas dirigían una mirada hacia las nubes tratando de encontrarse con el rostro de aquel ser primordial que destruía todo. Cuando esto paso, murió el estruendo y nació un silencio vagamente alterado por el gorgoreo de las llamas que consumían los restos de aquella ciudad y por el viento que ansioso se veía de arrastrar el polvo de las cenizas. El monstruo se inclino, y en cuclillas se dispuso a observar a la joven como esperando que algo sucediera. Sucedió un instante después de otro, hasta que acumulados formaron un tiempo y la mitad de otro. Los labios de la joven parecieron moverse, y de su tímida garganta salió una frase: “Te amo”. El monstruo se desvaneció. La bella saco una frazada de su mochila, y con ella cubrió al hombre que ahora reposaba en el suelo frente a ella, en posición fetal, completamente desnudo, y con la tranquilidad retratada en su faz.

El viaje a Mictlan

En general encontramos tres nombres para denominar al inframundo: Mictlan, “lugar de los muertos”; Ximoayan, “lugar donde están los descarnados”; y Chicuanauhmictla, “lugar de los nueve vados del inframundo”.

Este último se refiere a la estructura compuesta por nueve estratos verticales y descendentes, en el siguiente orden:

Primer vado, inmediatamente abajo de la superficie terrestre: Apanohuaia o Apanoayan “donde se pasa el rio”, “donde se pasa el vado del rio”. al morir los hombres descienden a un lugar subterráneo donde se encuentran a la orilla de un rio caudaloso. Para atravesarlo necesitan del auxilio de un perro. De ahí la costumbre de domesticar a estos animales y tratarlos con cariño para ser reconocidos como amos y garantizar su ayuda. Los perros de pelo bermejo son quienes se dedican a esta labor, pues los de pelo blanco que dicen “yo me lo lave” y los de pelo negro que dicen “estoy manchado”, se niegan a cruzar las aguas. Como muchos son los canes que esperan a sus amos en este sitio, también se le llama Itxcuintlan, “Lugar de perros”.

Segundo vado, Tepectli Monanamictlan, “lugar donde los cerros chocan entre sí”, o tepeme monamictia, “Cerros que luchan o chocan”, pues aquí dos grandes montes se atraen y se repelen.  los muertos son triturados y tratan de cruzar oportuna y rápidamente este recodo para no quedar aprisionados.

Tercer vado, itztepetl, “cerro de navajas”. Los pedernales cortantes amenazan a los difuntos viajeros.

Cuarto vado, itzeecayan, “lugar donde sopla el viento de navajas o viento helado”. Se cree que desde aquí salen los vientos del norte que arrasan las cosechas y derrumban las casas. A este sitio se le conoce también con el nombre de cehuecayan porque dividido en dos ambientes, en una de sus partes siempre cae nieve.

Quinto vado, paniecatlacayan, “lugar donde los cuerpos flotan como banderas”. Aquí se pierde la gravedad y los muertos están a merced de los vientos. Próximos a salir, estos los regresan o los llevan de un lado a otro, hasta que finalmente salen hacia la siguiente prueba.

Vado sexto, timiminaloyan, “lugar donde flechan”. Se dice que aquí, un dios domina el error, se apropia de las flechas erradas de los guerreros y que son estas las que usa para acosar a los muertos en su trayectoria e irlos desangrando.

Vado séptimo, teocoyolcualloya, “donde las bestias devoran los corazones”, o teocoylehualoyan, “lugar donde un jaguar (identificado con el nahual de texcatlipoca) se alimenta de corazones”.

Vado octavo, yxmictlan apochcaloca, “lugar donde se enceguece en el camino de la niebla”. Algunos dicen que este sitio es el apanhuiayo, “laguna de aguas negras” en la que habita la lagartija xochitonal. Este nombre se compone de xochitl, flor; tonalli, día, calor, alma, espíritu. Al parecer los muertos aquí, ya completamente descarnados, vencedores de los anteriores obstáculos, encuentran su tonalli liberado del cuerpo, de la materia.

Vado noveno y último, chicunamictlan, “recinto de la muerte o del descanso eterno, regido por mictlantecuhtli y mictecacihuatl, “señor y señora del lugar de los muertos”. Entrando a su umbral es necesario vencer el último obstáculo, el tramo llamado chiconauhhapan, extensión de nueve aguas. Una vez traspuestas, el difunto deja de padecer. Tal vez por esto algunos prefieren nombrar al último vado, yxmictlan apochcaloca, que ha sido identificado por otros investigadores como el octavo estrado, en el sentido de que una vez deshecha la materia el muerto se enceguece y careciendo de sensibilidad, deja de gozar y padecer. Esta región, la ultima, es la del descanso, el alma liberada de los padecimientos del cuerpo. El inframundo esta orientado hacia el norte.

el día que Herman Munster intentó derribar mi casa.

Hoy para mi es 19 de septiembre de 2011. Tal vez para ti no, en el caso de que seas de otro planeta, o leas esto en un futuro cercano… o lejano, dependiendo que tanto dure el espacio virtual donde se aloja.

En esta fecha, es imposible para la mayoría de los mexicanos no pensar en el terremoto de 1985. Actos oficiales, noticias, programas especiales, la ya típica entrevista con los “niños milagro”, y todos hablando de lo feo que estuvo, que si los muertos por aquí, que si los muertos por allá, que si el hijo de las entrañas donde estará. Yo lo recuerdo, en efecto, por lo impactante de la situación. Pero en especial, lo recuerdo con agrado, por una situación muy chusca que me sucedió junto a mi padre, no precisamente el 19 de septiembre de 1985, si no al día siguiente, con la replica mas fuerte que se presentó alrededor de las 19:30 horas. Mi padre y yo veíamos la TV tranquilamente esa tarde. Cabe mencionar, que al vivir en los limites con el Estado de México, yo, a mis 8 años de edad, no fui testigo presencial de los destrozos provocados la mañana anterior, los cuales papá pudo observar al llegar a su trabajo en el edificio “el Roble” en paseo de la Reforma. Debido a esto, él se encontraba en alerta, como todos los habitantes del Valle de México, a las replicas que se presentaron, esperando que ninguna fuese tan fuerte como para causar tantos daños. Pero dicha replica llego, y es aqui donde viene lo chusco de mi recuerdo.

Papá y yo veíamos en esos momentos por “canal cinco” la serie de TV “la familia Munster”… no recuerdo exactamente porque, pero Herman Munster, jefe de aquella familia, interpretaba uno de sus celebres berrinches en los que solía derrumbar media casa, o mínimo, quedar hundido en el piso de la misma. Pues bien, el buen Herman hace su berrinche, brinca, destroza la casa… y en ese momento justo, comienza la replica del 20 de septiembre de 1985, a las 19:37 horas… recuerdo que papá me abrazo y cubrió mientras se reía diciéndome “¿ya viste? ¡¡¡Herman Munster brincó tan fuerte que hizo que temblara!!!”. Reí con el, dada la situación, sin embargo, aún recuerdo entre las risas, su rostro de temor, y las lagrimas en sus ojos, asustado como todos, con el temor de quedar enterrado en los escombros. Para nuestra fortuna, Herman Munster no logro derribar nuestra casa aquel día.