Mente y Corazón

Ocasiones, momentos, instantes, donde la ira fluye por mi sangre, donde el enojo nubla mi mente y me orilla a realizar actos reprochables, actos que alguien normal es incapaz de hacer. La mente nos juega bromas a veces muy macabras, bromas crueles y despiadadas, juegos viles, donde la imaginación nos hace ver cosas que reales no son.

 

En medio de esta oscuridad estoy, tratando de encontrar una luz que me lleve a la salida. Penetro con mis ojos esta negrura, y consigo ver un par de ojos, una mirada tierna e inocente, que no quita su atención de mí. Pertenecen a una mujer, una mujer que conozco bien. Y me miran, pero no se que me quieren decir, no logro averiguar que quieren de mi. Y aquí entra el juego macabro de la mente, al permitir al corazón, desatar un sentimiento sobre esa mujer, por solo una mirada, una mirada acompañada de un “te quiero”, de un “te extraño”, de un “eres todo para mi”. El corazón no lo piensa, pues su función es solamente latir, latir y sentir, sentir el amor. Y eso pretende, al menos eso imagina, al recibir esas señales externas, señales erróneas, de algo que no puede ver claramente, pues esta en la oscuridad.

 

El corazón ahora ama, ama y desea, estar con esa mujer, esa mujer, cuyos ojos descubriste en la oscuridad. Ahora el corazón manda, es quien rige el actuar de todo el cuerpo, y este conjunto de huesos, nervios y músculos, se transforma en una plena armonía de amor por la mujer. El amor ha nacido, o al menos eso te ha hecho creer el corazón. Crees, tienes fe, pero no conoces, no tienes la seguridad. Si la mente fuera la encargada de enamorarse, utilizaría la razón, y no la fe, para desarrollar este sentimiento, bien llamado así, pues es solo un conjunto de sensaciones, no de pensamientos e ideas.

 

Las energías del cuerpo son desviadas, para concentrar toda la atención en el ser amado, pues el deseo de ser correspondido es grande, se convierte en una prioridad: la misión consiste en amar, y lograr ser amado en igual o más medida. Difícil misión.

 

Lo decides, todo tu cuerpo esta de acuerdo, es el momento indicado, ha llegado el momento de hablar, y decir “te amo”, el momento de apostar todo a tu favor.

 

La mujer esta frente a ti, miras sus ojos, pero esos ojos no te miran. Miras su mano, y acaricia tiernamente, con sensualidad, con lentitud, como en un signo de amor, llenas de deseo. Esa mano es acariciada en correspondencia, con el mismo amor y deseo. Los labios chocan, entre si, intercambiando un prolongado y dulce beso, que parece no terminar. Los cuerpos se juntan, y su calor combinado, bien podría hacer que el mismo infierno pareciera una nevera a su lado. Todo suena bien, excepto por una cosa.

 

La mano, los labios, el cuerpo, a quien la mujer muestra ese amor, no son los tuyos, alguien más se adelanto a tu ataque.

 

Ocasiones, momentos, instantes, donde la ira fluye por mi sangre, donde el enojo nubla mi mente y me orilla a realizar actos reprochables, actos que alguien normal es incapaz de hacer. La mente nos juega bromas a veces muy macabras, bromas crueles y despiadadas, juegos viles, donde la imaginación nos hace ver cosas que reales no son.

 

Difícil misión seguir sonriendo cuando ella se te acerca, sin saber lo que pensabas hacer.

 

 

El enamorarte de una mujer, es una broma cruel. No me gusta, pero debo reír. Una carcajada sarcástica celebra mi aventura fallida. El dominio de mi cuerpo, vuelve a ser de la mente, la razón ha vuelto a mi.

 

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