el aullido del xolotzcuintle

 EL AULLIDO DEL XOLOTZCUINTLE

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 I

 UN HOMBRE SIN MIEDO

 Cuando era pequeño, para que me durmiera, para que me portara bien o rezara por las noches, mi madre trataba de asustarme CON UN AMPLIO REPERTORIO DE SERES FANTASTICOS Y TERRIBLES, con el coco, la llorona o el diablo mismo. En un principio creía todo lo que me decía, y obedientemente, Y EN REALIDAD HOSTIGADO POR LO DESCONOCIDO,  siempre hacia mis tareas, rezaba justo después de ver mis caricaturas favoritas y me iba a dormir. No quería que por un descuido insignificante, fuera arrebatado del tibio y cómodo hogar donde vivía para ser llevado a las llamas hirvientes del infierno o aturdido con los gritos espeluznantes de la mujer que sigue penando hasta encontrar a sus hijos.

 

El único ángel de la familia creció como todos debemos hacerlo, y en la escuela LA CIENCIA SE ENCARGO DE MOSTRARLE  que todo eso era mentiras, leyendas creadas por la imaginación popular para poder explicar fenómenos que no conocían, meditar cosas de la vida, o hasta perpetuar la cultura de hace muchos años. Siempre las leía y me emocionaba escuchar acerca de la mujer de la carroza recorriendo sus propiedades, de la monja que espera eternamente a su amado soldado francés muerto en batalla, en el mirador mas alto de una torre de la catedral, de la cueva que se abre en semana santa, llena de tesoros inimaginables. Del brazo de mar que yace hechizado bajo el Cerro de los Remedios, custodiado por un toro, y que si se llegara a desbordar, inundaría toda esta Perla del Guadiana. Respaldado por las historias de mi abuelo, que las cuenta con la emoción de haberlas conocido, vivido, y hasta inventado, imaginaba que esas cosas las podía presenciar, ver siluetas y fantasmas, escuchar las herraduras de caballos invisibles golpeando las piedras del pavimento antiguo, el sonido de las cadenas que se arrastran, y los lamentos de la llorona buscando a sus hijos o hasta simples murmullos en medio de la oscuridad de la noche. Visitaba los panteones sin motivo aparente solo para admirar las tumbas y leer los nombres y las fechas en los mausoleos, ver la tumba de la enfermera que se aparece en el hospital, cumpliendo un deber desde él mas allá, trayendo la paz eterna a aquellos que la necesitan y a aquellos que desafortunadamente llegan a verla. Iba a las casas antiguas y abandonadas con mis amigos y poníamos retos de entrar y durar mas tiempo ahí. Yo siempre ganaba, nunca me pasaba nada, nunca vi un fantasma, ni escuche ni un ruido en medio de la soledad en una casa abandonada, un escalofrío en el panteón o incertidumbre en la oscuridad.

 

Hasta ahora.

 

 

II

UNA FIESTA “TRADICIONAL”

 DENTRO DE MI CIRCULO DE AMIGOS, SE HA CONVERTIDO EN UNA TRADICION ASISTIR DISFRAZADO A LA FIESTA DE WENDY SALDIVAR, UNA MUY TRADICIONAL FIESTA DE HALLOWEN, SI ES QUE ASI PUEDE SER LLAMADA. Es imprescindible PERSONIFICARSE de bruja, CIENTIFICO loco, espantapájaros o cualquier cosa fantasmagórica, YA QUE el que no acuda con atuendo ad hoc para la ocasión, corre el riesgo de ser objeto de las burlas de todos por esos disfraces ridículos que siempre idean para los olvidadizos. Caminábamos entonces buscando los aditamentos necesarios: ropas viejas, telarañas artificiales, pinturas faciales de buena calidad, mascaras y pelucas, diferente a todo lo que puedas encontrar en los centros comerciales y según las indicaciones que nos dieron, el mejor lugar se encontraba dentro del mercado del centro, en el local 66. caminamos entonces hacia el interior y dando vuelta a la derecha, según un anuncio, se encontraba el lugar que buscábamos. Entre toda esa parafernalia de recuerdos artesanales, lácteos, frutas y verduras, flores, ropa y dulces, una anciana jorobada de aspecto cansado y el rostro marcado por innumerables arrugas, el pelo blanco como una bola de algodón brillante y un rebozo envolviéndole el pecho se dirigió a nosotros y nos dijo: – los estaba esperando, vengan conmigo-.

 

Extrañados, Fátima y yo avanzamos sin preguntar nada detrás de ella y se dirigió hacia el área del mercado donde venden plantas medicinales y flores. Un ambiente mas frío nos recibió en esa ala del añejo edificio y continuo para un solitario patio interior, donde, con trabajos, subió la escalera de metal que conducía a las bodegas. Ya en el piso superior, nos adentramos por un pasillo donde estaban mas mujeres en distintas habitaciones. Había escuchado de ese lugar, es donde las brujas y quirománticas se dedican a leer las cartas del tarot y baraja española, hacer embrujos y sortilegios, filtros de amor y hechizos, magia blanca y magia negra. Nunca visité este lugar, pero sabia de su existencia, de la poca accesibilidad que tiene la gente a el, pues según sé, solo vienen aquí las personas doctas en magia que necesitan surtir sus ingredientes o aquellos recomendados por quienes ya recibieron un servicio anteriormente, ahora que me encontraba dentro, la curiosidad me ponía enormes los ojos y me hacia voltear de lado a lado, al cabo el paso lento de la anciana me daba oportunidad de observar todo.

 

Sin soltar la sudorosa mano a Fátima, mi compañera inseparable de estos menesteres que se moría de miedo, llegamos al final de las habitaciones, a un cuarto algo oscuro, iluminado con algunas velas, las ventanas estaban tapiadas con tablas y solamente por algunos resquicios se colaban haces de luz que iluminaban vagamente el lugar, brillaban demasiado en medio de la penumbra. Las paredes estaban llenas de anaqueles con frascos de diversos tamaños y formas, algunos eran botellas de vidrio vacías de refrescos, llenas de líquidos de todos los colores con etiquetas ya borrosas por el tiempo. Trenzas de ajos y miles de montones de hierbas secas y frescas, morteros de varios tamaños, telas, estampas religiosas, iconos católicos y la santa muerte en un altar. Un loro en su jaula gritaba improperios a diestra y siniestra y un xoloizcuintle tembloroso amarrado a la pata de uno de esos anaqueles, se acercaba lo mas que podía a la ventana, aunque sea para recibir un poco de calor por las maderas, pues el ambiente se encontraba denso y frío. La anciana tomo asiento en un sillón empolvado, con voz pausada nos invito a hacer lo mismo en dos destartaladas sillas y continuo: ahora si, díganme que necesitan. Con voz firme le comente que buscábamos algo más sencillo, que tal vez nos habíamos equivocado de lugar, que era solo cosas insignificantes para una fiesta de disfraces y que nos disculpara por las molestias, al mismo tiempo que me ponía de pie e incitaba a mi asustada acompañante a hacer lo mismo. La mujer me detuvo de un tajo diciendo: – Y se supone que tu no conoces el miedo, estoy segura que puedo darte lo que necesitas-. Petrificado por el comentario, no sabiendo de donde pudo ella tener esa información, con mueca extrañada voltee hacia ella, que continuo: – toda tu vida has buscado la oportunidad de tener contacto con el mundo del mas allá, pero sin éxito, eres un hombre ansioso por descubrir lo que pasa con el alma después de morir, y según tú, no existe cosa terrena que pueda asustarte, siempre te ha atraído la idea de la muerte y la transición que significa, el proceso de llegar al destino final y estoy segura que pronto, si tu quieres, lo vas a descubrir-.

 

Ya sentando en la silla, sorprendido hasta los huesos, asentí rápidamente con la cabeza, pues aun no lograba asimilar lo que estaba pasando. Fátima también continuaba como pegada a su asiento, pues me conoce tan bien que la sorpresa nos tomo a los dos de improviso. La voz de la anciana que parecía antes pausada, ahora estaba llena de vitalidad y pasión por las palabras que me decía: – Según la tradición prehispánica, que contrario a lo que muchos piensan no esta nada errada con sus conocimientos profundos de la astrología, la astronomía, la predicción de sucesos, magia, maldiciones y hechizos,  aquel que se ponga lagañas de perro en los ojos, podrá tener el poder de ver a los muertos que en esta época del año nos visitan, y que rendimos culto en los panteones y nuestros hogares por medio de altares, yo no se porque ustedes los jóvenes festejan esa tradición gringa antes que la mexicana-.

 

Dicho esto, se levanto del polvo que la rodeaba y fue directamente al perro, lo tomo del hocico con una mano y los chillidos que escaparon de el, rompieron el silencio sepulcral que nos rodeaba. Con la otra mano artrítica le quito de los ojos varias lagañas, parecía que las estaba guardando para mí, y las puso en una pequeña bolsa, mientras que el perro ya enfurecido ladraba y tiraba mordidas al aire, esperando con ellas, agarrar algún pedazo de la anciana y desquitarse del maltrato que le daba, que fácilmente se podía deducir. Junto mas cosas de los diversos anaqueles y por fin, dirigiéndose a Fátima por primera vez, le dijo: – ahí tienes un poco de color blanco para tu cabello, se quitara justo después de tu reunión sin el mayor problema, las telarañas son reales, de una araña que habita en la selva de Chiapas y que es poco menos dura que un papel muy grueso, difícil de romper, también unas verrugas y esta túnica negra, era mía de cuando iba a los aquelarres en Catemaco Veracruz, ahora ya estoy demasiado vieja para recorrer distancias tan grandes. Te aseguro que con esto personificaras a una bruja real. Ella le aceptó temblorosa los objetos y agradeció quedamente con una voz que dudaba en salir. Luego, me extendió la bolsa con las lagañas del perro que ya se había calmado, una estampa de San Ignacio de Loyola que protege, según dijo, contra los espíritus malignos y algunas otras cosas para mi disfraz. Extendí mi mano con unos billetes para pagar los artículos, pero ella se negó solo diciéndome: – cuando veas lo que haya pasado, ven a mí, y me dices como te fue, ya después hablaremos de pagos-.

 

Sin mas, salimos con paso veloz hasta el pasillo de arriba y bajamos las escaleras corriendo, hasta salir a la calle, Fátima no contuvo mas el llanto y un mar de lágrimas se desbordó de sus ojos. Se abrazó a mí para sentirse segura, y yo, con la respiración todavía agitada por la carrera y la mente llena de preguntas que no me atrevía a expresar, correspondí su abrazo y me apresure a llevarla a su casa, haciéndome el gracioso y tratando de dar explicaciones absurdas y haciendo mofa de todo lo que pasó. Más tranquila por las risas del trayecto, quedamos de vernos al día siguiente, ya tendríamos una historia que contar para atemorizar a los demás.

 

III

31 DE OCTUBRE

 Nublado a pesar del calor sofocante que nos azotaba estos días. Un toque de tristeza domina el ambiente. Las fiestas en las escuelas iniciaron y por doquier ves a niños vestidos como vampiros, calacas, brujas y momias, algunos con vestuarios no tan adecuados, pero al final, lo importantes es conseguir muchos dulces para comerlos en los días de vacaciones.

 

Parte de la noche me mantuve en vela por las palabras de la anciana, y la razón por la cual habían sucedido todas esas cosas, el animar a mi amiga me hizo olvidarme por un momento de ello, pero al llegar a la casa, puse las cosas que me dió la vieja y trate de amoldarlas a mi disfraz, aunque no tenia mucho que agregar a la camisa de fuerza manchada de sangre que vestiría esa noche. Solamente estaba en mí decidir si quería ver mas allá de lo que el ojo normalmente puede ver, untándome con un algodón el contenido de la bolsita de plástico. Al llegar la tarde, llegue a una decisión. Por algún motivo, el destino me llevo hacia la anciana, que por supuesto tenia el don de la clarividencia, adivino mis pensamientos y mi pasado, dándome la oportunidad de ver por única vez y por el tiempo que necesitara, todo lo que ella veía a diario, las 24 horas del día. Me pareció un buen trato, la curiosidad me gano y guarde con cuidado en mi bolsillo la pequeña bolsa para usarla mas tarde.

 

Al oscurecer, pase por Fátima que lucia increíble con todo lo que la anciana le dió, ni yo la reconocía cuando salió por la puerta de su casa, pensé que era otra persona. La túnica negra, telarañas en las ropas, un montón de verrugas en la cara y las uñas largas, el cabello mas plateado que el que cualquier tinte o peluca pudiera darle y la pálida cara con ojos enmarcados en grandes ojeras. Seguro me hubiera puesto un susto si la veo por la calle caminando sola. Por supuesto no podía faltar la escoba, seria su entrada triunfal en la fiesta, impresionando a todos. Era muy probable que ella fuera la ganadora del concurso. Ya estando ahí, la bruja mayor no se contuvo en darles detalles de la visita de ayer al mercado a una audiencia que incluía a duendes, vampiros, mas de 5 brujas, catrinas, doctores malditos y hasta una prostituta sangrienta. Todos impresionados y a la vez asustados volteaban a verme con incredulidad, pues sabían de mi condición de impasibilidad ante el miedo; yo asentía de vez en cuando para respaldar la veracidad del relato. Cuando alguien pregunto por las lagañas de perro, sólo me limite a responder: – no creo usarlas, las he tirado en casa-, y un murmullo de decepción se dejo escuchar, creyeron que si alguien necesitaba experimentar esto, seguramente era yo el indicado. Pero quise dejar las cosas en lo bajo, no me interesaba que supieran el resultado de mi experimento.

 

A las 11 de la noche, mientras todos los falsos monstruos continuaban bebiendo y celebrando, recordé que la tradición de los muertos nos dice que el primero de noviembre es el día de los muertos chiquitos, y el dos de los mayores, a los que permiten la salida para visitar sus altares y comer y beber sus predilecciones, fumarse su cigarro favorito o un tequila derecho para recordar sus efectos, aunque muy disminuidos. – Es el momento – me dije a mí mismo y en el baño, con las yemas de los dedos, coloque las lagañas en mis ojos no sin antes persignarme ante la estampa de san Ignacio. Deje los ojos cerrados un momento, preparándome para cualquier cosa, con la esperanza de por fin, poder establecer contacto visual. Al abrirlos, nada, mire en el espejo sobre mi hombro y nada gire en mis talones y nada. – patrañas – dije para mí, y salí veloz al jardín para volver entonces a tomarme otro vodka y remediar mi desilusión. Seguí observando a mi alrededor para detectar cualquier cosa fuera de lo normal pero nada, los rincones seguían siendo oscuros, las luces brillantes pero la noche adquirió una transparencia tal, que alcanzaba a distinguir las cosas entre las sombras, con  sus formas perfectamente delimitadas.

 

Dos copas después sonaron las 12 de la noche, la concurrencia se animo por la música y las historias de terror que se contaban en los diferentes grupos y los que no deseaban oírlas, se emborrachaban o bailaban al ritmo electrónico de las luces y sonidos que al final a todos nos contagio. Fátima, me sorprendió cuando, invitando a todos los presentes a formar un circulo alrededor de ella, se ubico en el centro del mismo y saco de entre sus ropas una ouija, y pronunciando palabra extrañas, casi ininteligibles comenzó a jugar con ella en solitario y con una velocidad increíble. Todos preguntaban cosas en broma, y obtenían la respuestas requeridas. Yo creí que estaba jugando muy bien su papel. Pero me aburren los juegos de espiritismo barato, muchas veces lo intente pero la tabla nunca quiso jugar conmigo.

Así, entre gritos, risas y exclamaciones de sorpresa y burla, alcance a escuchar un murmullo armonioso, como los coros que se presentan en las iglesias o los de las sinfónicas. Algunas notas guturales viajaban por el aire y se extendían por todos los lugares, su intensidad iba en aumento. Deje de bailar, y me dedique a buscar el origen de ese ruido que al parecer solo yo oía. Salí a la calle y no podía creer lo que mis ojos vieron. Una fila inmensa de pequeños cuerpos cubiertos con vestidos blancos iluminados solo por la luz de una vela tan brillante, que resplandecía en el rostro como un reflector personal. Las facciones de cada uno de ellos, de una belleza inimaginable, me cautivó. Sus pies no tocaban el pavimento, flotaban avanzando ordenadamente mientras entonaban esa melodía, que me imagino, sonaba como el canto de los mismos ángeles. De pronto, una campana resonó en el cielo y una voz tras de ella diciendo: -sólo tienen hasta la media noche, después volverán de donde han venido-, y como cuando suena la campana que anuncia el recreo, todas las almas rompieron la fila y se introdujeron a las diferentes casas, se oían los gritos de juegos y felicidad al volver a ver a los padres y los juguetes, a volver a ver el lugar donde en vida jugaron y alegraron tantas vidas. Las casas oscuras se iban iluminando y sus habitantes sin siquiera dar noticia de lo que pasaba, continuaban perdidos en el sueño.

 

Un alma paso veloz a mi lado, era el hermanito nonato de la anfitriona, y deteniéndose a mi lado, volteo hacia mi como si hubiera sentido mi mirada que posaba sobre él y me sonrió, con esa inocencia que los niños tienen, pero, acostumbrado a que nadie los vea, continuo su carrera para comer un poco de los dulces que su madre le había puesto en el altar y jugar con los juguetes que nunca pudo estrenar en vida.

 

Todavía maravillado, con la boca abierta de la emoción por lo que presencie. Quede pensativo unos minutos en la calle, donde las sombras de nuevo se apoderaban de la noche. Eran las dos de la mañana y la adrenalina que sentía me hubiera servido para correr varios kilómetros o continuar bailando durante toda la noche. Pero mi asombro era el que más, y cuando volví a la fiesta, un escalofrío recorrió mi cuerpo. Parece que el juego con la ouija no fue tan irreal como creí unas horas atrás, abrió puertas a demonios y espíritus malignos que habitan penando en esta tierra. Ojos brillantes se asomaban en medio de las sombras. Y figuras cadavéricas y desencarnadas se codeaban con los asistentes. Aquellos que se encontraban mas borrachos, seguían bebiendo incitados por las palabras que les susurraban al oído los espíritus que se encontraban a su lado o detrás de ellos. Otros, estaban como acechando, buscaban el momento propicio para salir y hacer lo mismo, al cabo el alcohol abundaba y las conciencias de los humanos se hacían mas susceptibles a la manipulación. Otro, se asía fuertemente en el abrazo de dos amantes, que no importando la presencia de los demás, comenzaron a demostrarse su amor de maneras demasiado gráficas, a nadie le interesó, pues casi todos ya tenían a alguien pegado a su espalda y la mente nublada por el exceso.

 

Desesperado, busque a Fátima con los ojos y la encontré bailando con un tipo que yo no conocía, de manera demasiado atrevida para las costumbres de ella. Corrí desesperado para tomarla de la mano y sacarla de ahí, pero cuando me iba a acercar, gritó una frase en una lengua desconocida. Su voz y su cara parecían deformadas, no eran las suyas, y la expresión en su rostro denotaba maldad, una risa macabra dirigió hacia mi, mientras los diablos que los rodeaban se dieron cuenta de que los veía, tal vez ella se los dijo, y retirándose a la oscuridad fueron con un espíritu que se encontraba en las sombras.

En ese instante comencé a sentir lo que llaman miedo. Un hombre alto y con media cara descarnada emprendió una pesquisa en contra mía, mirándome fijamente a los ojos, y todos empezaron a voltear hacia mi. Para ellos, que no veían nada de lo que yo, solo se encontraban en una fiesta de disfraces que subió algo de tono, pero ver a un loco corriendo hacia la puerta de salida les produjo asombro e hilaridad.

 

Como pude encendí el auto justo en el instante que el ente cruzaba la puerta y seguía corriendo en pos mía. Salí pronto a la avenida principal y de las sombras comenzaron a emerger diferentes seres desencarnados como los de la fiesta, pero en actitudes normales conviviendo con los mortales. En minutos llegue a mi casa  y cerré la puerta tras de mi, aferrándome fervientemente a la estampa del santo de Loyola y repitiendo mil veces la oración que decía en el reverso de la imagen. Nunca agradecí más a mi madre haber colocado la figura de la virgen de Guadalupe que descansaba en el dintel y los riegos de agua bendita que diariamente daba por toda la casa. Religiosa o no las protecciones de mi casa son muy fuertes. Me dirigí rápidamente al baño para limpiar mis ojos de la secreción que me había untado pero se incrusto en mis párpados como una ventosa invisible. No puedo quitarla por mas que lo intento. ¡Ya no quiero tener estas visiones que me asustan!.

 

Esperando el amanecer, no pude cerrar los ojos en lo que restaba de la noche. Parecía que aquí no se encontraba ningún ser de oscuridad queriendo hacerme daño. Aun no podía asimilar que dentro del mundo de los muertos existiera tanta belleza pero también tanta maldad. La razón de nuestro comportamiento esta dictada entonces por ellos, portadores de la tentación. El corazón me seguía latiendo fuertemente solo con recordar todo lo pasado. Esa sensación de ansiedad y desesperación, por fin experimente lo que todos llaman miedo. ¡Pero de que manera!. En que forma maquiavélica la anciana había planeado todo esto. ¡Y Fátima!, ¿Qué habrá pasado con ella?, estoy seguro que las ropas de la bruja contenían algún maleficio o fueron el medio para que los espíritus llegaran, no lo se, hay tantas preguntas. Tanto por hacer.

 IV

PRIMERO DE NOVIEMBRE

 

El día transcurrió normal, parecía que el efecto del experimento se desvaneció, durante toda la mañana no note nada fuera de lo normal, por lo que mi ánimo se calmo. Fui a visitar a mi amiga, la que no encontré, según me dijeron, salió pic nic con un novio nuevo, hasta su madre me pregunto si no lo conocía, pues por la noche llego bastante entusiasmada con la noticia del afortunado. -debe de ser el tipo de anoche- me dije, y me retire pensando que todo estaba bien con ella. Después de todo, y pensándolo bien el único que pudo tener esas visiones fui yo, y si los demás pensaron que monté una buena broma, o se me pasaron las copas, seria mejor que si pensaran que enloquecí en la noche de brujas. Mejor a que supieran la verdad de todo lo que paso anoche.

 

Estuve tentado a ir con la anciana, sus palabras que me invitaban a ir después de que experimentara y acordáramos entonces un pago vinieron a mi memoria, por lo que fui al banco y saque una buena cantidad de dinero. Debo aceptar que todo esto supero mis expectativas enormemente aunque hubiera preferido no tener esta enorme dosis de susto de un solo tajo, por un momento desee el haber sido normal desde el principio. Desistí al final, por el cansancio por tanta actividad de la noche pasada.

 

Mientras las familias mas tradicionales se preparaban para ir a los panteones a limpiar las tumbas de sus difuntos, colocar un altar con su comida predilecta, rezar durante toda la noche con veladoras encendidas y rebozos que calmen el frío que trae este viento de noviembre, yo yacía como un muerto que respira en la inmensidad de mi cama. La casa se encontraba sola, pues las vacaciones de la familia en esta fecha eran una tradición al igual que el pan, el papel picado y las calaveras de azúcar. Se fueron por la tarde, y rechazando la invitación dije adiós desde la puerta, me tumbe en la cama para dormir, con la intención de no soñar. Pero a media noche de nuevo entre mi inconsciencia volvió ese murmullo armonioso a escucharse. Ahora en un tono musical mas bajo y grave, pero no por ello menos bello. Rápidamente me asome la ventana tallándome los ojos para despertar totalmente y del cielo, desde una nube enorme y oscura, iban bajando hileras enormes de luces emanadas por velas iguales que las de la noche anterior, lentamente avanzaban hacia la tierra y en diferentes direcciones. Un escalofrío recorrió mi espalda y mis ojos se empezaron a nublar con lagrimas temerosas. Horrible!!!!!! Las lagañas entonces seguían en mis párpados, maldita bruja!! Ojalá nunca hubiera aceptado su propuesta, debo buscarla, tal vez si le pago me diga como puedo quitarme estas lagañas infernales. Tome el dinero y las llaves de mi auto que tenia en uno de los cajones y baje velozmente las escaleras cruzando la puerta en dirección de la cochera . Las animas ya habían bajado a la tierra y abarrotaban las calles, junto con las almas pequeñas que había visto un día antes; marchaban en perfecto orden y ceremoniosamente. Me sorprendí de la esa armonía de los dos cantos combinados y la disciplina con que se movían. Permanecí unos segundos inmóvil, mientras la misma voz daba las ordenes precisas, y las almas pequeñas subían algunos escalones invisibles y emprendían el vuelo de regreso.

 

Cuando el momento de romper las filas llego, varias almas se adentraron en mi casa, mis abuelos paternos, un primo y mi bisabuela materna, la fuerte raíz de esta estirpe que continua. Desee correr para alcanzarlos, hablar con ellos, necesitaba decirles tantas cosas, pero justo cuando entraron, la figura horrenda de la noche anterior se apostó delante de la puerta como retándome a pasar sobre el. Su rostro desencarnado, su tamaño imponente y la sonrisa macabra con que se dirigía a mi, me hizo recordar al hombre con quien Fátima bailaba la noche anterior. Algo le habrá pasado? Que le harían a mi amiga estos enviados del mal? Es mi culpa!! Yo la lleve a ese lugar en busca de cosas desconocidas y ahora seguramente estaba en peligro!! Y eche a correr hacia su casa. Mientras los seres de las sombras se iban de nuevo asomando a la luz, ya debían saber que yo podía verlos, pues a mi paso, trataban de estirar sus garras con la intención de llevarme con ellos. Esquive a cuantos pude y ya en la casa, el carro de mi amiga no se encontraba todavía. No estaba en casa. Fui entonces a buscar a la anciana.

 

El mercado no quedaba lejos, así es que corrí lo mas rápido que mis piernas pudieron. Con la respiración entrecortada y cansado de la carrera, entre por una estrecha puerta del costado oriente. El lugar estaba desierto, pero a lo lejos, se escuchaba el ladrido enfadado de varios perros. La oscuridad dominaba el lugar y el pasillo solamente era iluminado por la luz de la luna que se colaba por la puerta del patio, a donde nos había llevado en un principio la vieja. De ahí provenían esos ladridos. Cuando por fin logre salir, mis ojos no creían lo que veían. Era la anciana, que se encontraba haciendo un ritual pagano o de magia negra. En el piso, dibujado con tiza blanca, una estrella de cinco picos encerrada dentro de un circulo y velas en cada una de las puntas y sobre la circunferencia. Ella, vestida con la túnica que antes le dio a Fátima, le cortaba el cuello a una gallina negra, mientras derramaba la sangre todo alrededor. Una jauría de xoloizcuintles hambrientos y desesperados en un corral improvisado mostraban los dientes y furia para con la vieja, que los instigaba a gritos y patadas. Cuando se percato de mi presencia, soltó una risa estridente, y me invito a pasar, con una amabilidad poco usual, casi de burla. -Que tal te fue, tu curiosidad QUEDO SATISFECHA?- y se arrodillo esparciendo hierbas secas. -Ahora si es tiempo de que hablemos de pagos-. -Solo deseo que antes de darle el dinero me quite esas malditas lagañas de mis ojos, sigo viendo cosas terribles, me han perseguido, queriendo hacerme daño. No puedo negar que valió la pena el riesgo, la belleza de las almas que bajan y suben es extraordinaria y jamás me pude imaginar que eso existía. Me dio la oportunidad de saber lo que hay mas allá de lo que el simple ojo ve pero ya fue suficiente. Quiero ser normal de nuevo y olvidarme de esos seres de oscuridad para siempre.- de nuevo la risa macabra salió de su desdentada boca y dijo: -Ah! Ja ja ja ja ja! pensé que te había dicho que esto no es reversible, que una vez que lo pones en tus ojos, es para siempre. Eso mismo me paso a mi. Yo era igual que tu, una mujer incrédula ante los misterios DEL MAS ALLA. Y una hechicera  me dio la oportunidad que yo te di a ti, en este mismo lugar, con las mismas condiciones. No creas que veo a los muertos por un don innato, fue esa misma curiosidad la que mato al gato negro de mi vida normal en este mundo para introducirme entonces a la magia, como ayudante de la bruja. Lo acepte, pues el reino de lo oscuro me dio tantas cosas, que no te puedes siquiera imaginar. Y es lo mismo QUE te espera a ti, únete a nosotros, seria muy útil esa valentía que tienes desde siempre para unirnos a la guerra milenaria entre el bien y el mal, ven conmigo, este ritual es para ti, es tu iniciación a vivir en lo negro-.

 

Mi sorpresa no me dejo hablar, premeditadamente la bruja me dio esas lagañas para que me uniera a ella, todo fue planeado, caí en la trampa desde el principio. Por un momento me sentí tentado por sus palabras. Pero, por lo que hizo, el miedo se había apoderado de mi vida. Después de lo pasado no habría día en que volviera a conocer la paz. Los ladridos de los perros, llenos de odio, hicieron que la furia naciera en mi en contra de ella. Aun no sabia tampoco lo que le pasó a Fátima, ni donde estaba, pero era seguro que la anciana ha visto.

 

Mi corazón latía muy fuerte, mis oídos hartos de tantos ladridos y mis ojos inyectados de sangre y rencor, buscaron a mi alrededor y encontraron en la orilla del patio un cuchillo enmohecido. Lentamente, mientras ella se dedicaba a hostigar a los perros con gritos y patadas, lo levante y aproveche su distracción para tomarla por la espalda y arrastrarla hasta el medio del circulo: -¿donde esta Fátima?- le grite con fuerza, -y con precaución pero segura me dijo: -ella ya es parte del lado oscuro, fue un medio perfecto para atraerte a mi, recuerdas la fiesta, ella invoco a los demonios por medio de la ouija, que iba envuelta con la túnica que le di. Era una mujer débil de mente y espíritu, presa fácil para nuestra misión, ahora muerta seguirá sirviendo a las fuerzas de la oscuridad-.

 

-¡¡¡¡¡¡Nooooo!!!!!!- grite mientras las lagrimas comenzaban a brotar de mis ojos, llenas de odio, impotencia y dolor. – eso no es cierto, la debes de tener escondida aquí, dime donde esta y te pagare lo que sea, dime….- y se burlo tan estruendosamente que no tuve mas que pasar la poco afilada hoja de acero por su cuello, derramando su sangre, bañando mis manos de rojo. De pronto, al verla como se ahogaba, el rostro le había cambiado. Era Fátima!!! Caí de nuevo en otra trampa y la maté en medio de las alucinaciones creadas por un embrujo.

 

Deposite el cuerpo en el piso, seguíamos en medio del circulo de velas y hierbas, buscaba con la mirada a la verdadera bruja, y desde arriba, apoyada en el barandal nos miraba con una sonrisa de satisfacción, pues complete el ritual por medio de engaños. La sangre de una inocente era lo que faltaba para soltar a las fuerzas mas poderosas de lo oscuro. Subí corriendo las escaleras, dispuesto a matar a la vieja y ya frente a ella, el miedo perdió la forma que había adquirido. Pero antes que convertirme de nuevo en asesino y pasar mi vida escondido en las sombras, que era lo que ella quería, o encerrado en una prisión, solté el puñal y me arroje al vacío, cayendo estrepitosamente contra el suelo, rompiéndome el cuello.

 

El corral que encerraba a los perros se abrió, y en un instante se encontraban mordiendo mi cuerpo, desgarrando mi piel, arrancando pedazos de mi cara para satisfacer su hambre, ya no alcance a sentir nada, todo lo vi desde afuera, tomado de la mano de Fátima, a quien pedí perdón con lagrimas en los ojos, mientras ascendíamos a la corte del juicio final.

 

 

V

DOS DE NOVIEMBRE

 

Día de asueto general. Mucha gente veló a sus difuntos desde la noche en los panteones o las casas, recordándolos. Los menos creyentes, durmieron placidamente en sus camas y se prepararon para visitar los ya atestados camposantos para llevar flores y ofrendar un rosario. Los que no tenían a nadie que visitar, o sencillamente los dejaron morir en las aguas turbias del olvido, el Día de Muertos paso muy desapercibido. Pero no para los que en esa mañana brumosa, con un viento frío y con olor a cempasúchil, descubrieron horrorizados los cuerpos mutilados de una pareja. El motivo al parecer fue pasional, pues el individuo, según testigos de una fiesta días atrás, trato de jalar a su amiga al verla bailando con otro hombre y al negarse, se dio a la fuga. La muchacha desapareció desde entonces, y en medio de un ritual de magia negra realizado en una ala del mercado donde irrumpieron ilegalmente, el hombre degolló a la mujer, para luego, en su arrepentimiento, arrojarse desde el primer piso, y siendo devorados por perros hambrientos, los cuerpos quedaron casi irreconocibles. La única testigo fue la octogenaria dueña de los perros. Que despertada por el alboroto de sus ladridos y aullidos, salió al patio ya cuando todo estaba consumado, dando aviso a la policía.

 

Cuenta la historia que los antiguos pueblos indígenas que habitaron México, disfrutaban de la carne de los xoloizcuintles como de un manjar sagrado reservado para los nobles y sacerdotes. Después de varios siglos, los descendientes de esos perros habían vengado AL FIN todas esas muertes de la misma manera. Un placer reservado para los pocos sobrevivientes de la extinción. Ahora yacian acurrucados unos contra otros, tranquilos, saciados, satisfechos.

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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